Distinto
Ayer le pedí permiso a mi profesor de dibujo del año pasado para acoplarme a su clase y dibujar un poco. En escultura hacía mucho frio y ya tengo casi todo el trabajo que entrego el lunes terminado. Así que decidí que iba a aprovechar mejor el tiempo desempolvando el papel de 100×70 y comprobado si había perdido mucha práctica.
Pero no había perdido mucha práctica, la verdad es que hice cosas que me gustaron bastante (y para que me guste a mí un dibujo…). Me sorprendía como llegaba rápidamente a resolver las cosas, al contrario que la gente que me rodeaba que acaba de empezar con este clase hace un mes. Y llevaba mucho tiempo sin hacer este tipo de dibujo, más o menos desde febrero del año pasado que fue cuando ya pasamos a la mancha. Así que creo que finalmente el año pasado si le saqué partido a esa clase, veremos si me puedo volver a acoplar otro día.
Es muy diferente estar allí porque quieres que estar por “obligación”, aunque nunca me tomé las clases de dibujo como algo a lo que me obligan (como si me pasa con mi queridísima escultura…) pero lo de no tener la presión de las entregas, de que el profesor se te ponga detrás a decirte los fallos… se nota bastante. Aunque no me importaría estar matriculada de nuevo en su clase porque me encanta y cada vez tengo más claro que si tuviese que tirar por algo que no fuese imagen ese algo sería dibujo, el año que viene espero poder compaginar ambas cosas después de librarme de escultura.
Me gusta dibujo porque me hace desconectar de todo, solo estamos mi dibujo y yo, hasta cuando he tenido otros años al profesor detrás hemos estado solo mi dibujo y yo (y vaya sustos me han pegado los profesores algunas veces). No desconecto tan fácilmente cuando se trata de pintura, tiene que gustarme mucho lo que estoy pintando para poder desconectar así, normalmente me distraigo más y me pongo a mirar lo de los compañeros, pero en dibujo no. Y en escultura no hay ni que decir que no soy capaz de desconectar porque no me gusta nada.
Además este año lo tienen mucho más fácil de lo que lo teníamos el año pasado. La nueva clase es una pasada, los caballetes son nuevos y no cojean, se pueden ajustar bien porque no se les han atascado todavía los tornillos y no hay ninguno de los de madera, todos son de los chulos de metal pero nuevos y relucientes.
La visibilidad ha mejorado una barbaridad, al no ser de esa clase y estar allí acoplada me puse al final, no hacía falta que el profesor me lo dijera para ponerme al final, a mí me daba mucha rabia cuando gente que no pertenecía a mi clase se me plantaba delante, así que yo no iba a hacer lo mismo. Desde el sitio en el que estaba, al final de la clase, veía perfectamente a la modelo sin desesperarme y sin que me entraran ganas de llorar, creo que la tarima es un poco más alta de lo que teníamos en el edificio viejo.
También han cambiado las tablas que usamos como soporte del papel, antes teníamos tableros de DM pesadísimos (dm de 100×70, podéis imaginar) y ahora son como de chapas de 3 o 4mm pegadas entre si, no sé si este tipo de “aglomerado” tendrá algún nombre. Y me di cuenta de que eran mucho más ligeras cuando la mia se me cayó en la cabeza… era raro que en tres o cuatro años de dibujo nunca se me hubiese caido el tablero en la cabeza con lo torpe que soy, ahora ya no puedo decir eso y por suerte ha sido uno de los nuevos porque los dm hubiesen hecho daño…
Me faltó hacerle alguna foto a los dibujos, la próxima vez espero no olvidarme de eso.
