A veces hay cosas que hasta que no las vives no te las crees, incluso viviéndolas empiezas a dudar de si son producto de tu imaginación o si realmente están pasando. Yo soy una persona bastante escéptica, nunca me he creído las historias de fantasmas y siempre he dicho que hasta que no viese uno con mis propios ojos no me lo creería (y probablemente ese día, si llega a pasar, me moriría de miedo). Pero desde que vivo en esta casa pasan cosas raras, estúpidas e inexplicables que me están haciendo convencerme de que si hay “algo” que no podemos controlar y que se manifiesta como le da la gana.
Siempre intento buscarle a todo una explicación razonable, hace poco me contaron el motivo de esa canica que el vecino de arriba decide tirar a horas poco recomendables de la madrugada. Tampoco me había preguntado nunca que era esa canica ni me había planteado que pudiera ser algo sobrenatural, porque cuando vivía en el piso tenía una vecina que no estaba muy bien de la azotea y le daba por cambiar muebles de sitio a las 3 de la mañana o pasearse con tacones durante toda la noche por el pasillo y las habitaciones, así que igual podía darle por tirar canicas por el suelo. Pero si no hubiese tenido esa vecina loca a lo mejor el fenómeno me hubiera dado miedo y hubiese decidido investigar si tenía algún tipo de causa, ni siquiera me había planteado que esto le pasara a más gente que no tuviese vecinos tarados en el piso de arriba. Pero si, parece que es algo bastate común en las comunidades de vecinos y se debe a las tuberías y de los ajustes de presión cuando se cierran los grifos, que producen un sonido que nuestro cerebro asocia con el sonido de una canica cuando cae.
Pero por más que intento buscar explicación a las cosas que pasan en esta casa no se la encuentro, supongo que la tendrán y que tarde o temprano la descubriremos… o no.
La primera cosa inexplicable que pasó en esta casa fue antes de que empezásemos a vivir aquí, hara tres o cuatro años, un fin de semana que había venido mi ex y teníamos que venir a dormir aquí porque en el piso no teníamos sitio, así que siempre tocaba moverse. Aquella noche discutimos, yo me enfadé y salí de la habitación para dormir fuera, en el sofá. Él había dado por zanjada la discusión y se había echado a dormir pero yo no estaba dispuesta a quedarme allí y me daba miedo irme a mi casa porque eran casi las cuatro de la mañana… así que salí del cuarto y me fui al sofá y cuando me estaba acomodando escuché un susurro: “shh, está ahí”. Y no me quedó otra que volver a la habitación…
En un primer momento pensé que como la casa estaba entonces desocupada y además ya entonces estaba en obras se habían colado por la terraza y estaban viviendo allí en plan okupa. Así que me metí en la habitación y eché el cerrojo pero ¿cómo había escuchado yo un susurro desde el patio con la puerta de por medio? Es que aunque hubiera estado la puerta abierta creo que tampoco lo hubiera escuchado.
También pensé en los vecinos del piso de arriba, donde vivía una señora, pero hacía unos meses que se había roto una cadera y no podía subir la escalera, así que se había mudado a otra de sus casas y el piso ha estado desocupado hasta hace apenas seis meses. Y además eran las cuatro de la mañana ¿qué hace una señora de 80 años despierta a las cuatro de la mañana? Y la voz no era de persona mayor…
Así que todavía no sé que fue ese “está ahí” que escuché aquella noche a las cuatro de la mañana. Por la mañana subí a los pisos en obras y allí no había rastro de invasores okupas, estaba todo como siempre… y el piso de la señora, que antes se veía desde la obra, estaba vacío.
Pero no dije nada, porque pensé que había sido una alucinación fruto del estrés de la noche y de aquella discusión estúpida… ¿para que iba a servir meter miedo contra esta casa al resto de mi familia cuando tarde o temprano nos teníamos que venir a vivir aquí?.
Y llegó el día en que nos mudamos, hace aproximadamente año y medio y continuaron pasando cosas raras…
Las primeras lo típico: cosas que desaparecen y aparecen un tiempo después. Pero bueno, esto es algo que yo tengo asumido, mi abuela lo cambia todo de sitio desde que soy capaz de recordar… coge las cosas y las pone en otra parte donde a ella le parece que están mejor o las ordena por tamaños y cosas así. Es algo que hace desde que yo era pequeña pero lo que quiera que estuvieras buscando siempre aparece aunque te cueste media hora más encontrarlo.
Pero en esta casa es distinto, aunque también se puede pensar que la cosa se agrava con el caos que reina en este sitio desde que nos mudamos, al estar la obra del escorial sin terminar no tenemos espacio para nada. Y de todos modos no son desapariciones normales de cosas que encuentras después de estar un rato buscando, es algo que desaparece sin dejar rastro y que al cabo de los días aparece frente a tus narices nada más levantarte.
Hace unos días me pasó con el pendrive, estaba segura de haberlo dejado donde siempre, al lado del monitor lo suficientemente escondido como para que mi abuela no lo cogiese en un momento de despiste y lo metiera en algún cajón. A veces le empujo con una libreta que tengo siempre en el escritorio y se termina metiendo detrás del monitor, así que me toca levantarlo y sacarlo de ahí (todavía tengo un monitor de los grandotes). Me hacía falta no recuerdo para qué, fui a cogerlo del sitio donde lo tenía y no estaba, pensé que, como siempre, se había ido detrás del monitor así que lo levanté para cogerlo pero allí no había nada. Quité el monitor por si estaba más arrinconado de lo normal y nada… pensé que a lo mejor estaba confundida, me lo había llevado a clase y estaba en la mochila del portátil… ni rastro. Así que pensé que me había hecho falta para clase, me lo había echado en algún bolsillo y lo había perdido, aunque recordaba haberlo dejado junto al monitor pero como cuando salgo para casa voy acelerada a veces cojo cosas sin darme cuenta.
La cosa se hubiera quedado ahí, en que había perdido mi pendrive con vete a saber que dentro, si no fuese porque hace dos días apareció en mis morros. Por la noche me acosté y dejé las gafas cerca del monitor después de apagarlo, como cada noche, también, como cada noche, fui la última en acostarme. Por la mañana cuando me levanté miré al escritorio y allí estaba el pendrive al lado de mis gafas, en el sitio donde lo dejo siempre y donde días antes no estaba (y lo busqué más veces por si estaba tonta y no lo veía, pero no estaba).
Y es algo que ha pasado más veces, cosas que desaparecen y aparecen a los días en el sitio que se supone que estaban o en sitios absurdos muy a la vista, casi siempre cosas pequeñas. No recuerdo que le desapareció a mi madre hace un tiempo… no sé si fueron las llaves o el monedero, pero no había forma de encontrarlo y un día me encontré aquello en la nevera en primer plano. Ha pasado ya tantas veces que es imposible controlarlo pero creo que tendríamos que empezar a hacer un diario del terror apuntando las cosas estúpidas que pasan en esta casa.
Luego están los ruidos, ruidos venidos de la nada y de los que no son culpables los gatos. El sitio favorito de esos ruidos es la cocina, donde también pasan otras cosas espeluznantes. Por ejemplo estamos comiendo y se escucha como cierran de un portazo uno de los armarios de la cocina, solo el ruido de la puerta y o tenemos alucinaciones colectivas o no sé.
O se escucha como se caen un montón de vasos en la despensa y allí no se ha caído nada, aunque otras veces se caen cosas de sitios de los que sería imposible que se cayeran haciendo un ruido más fuerte de lo normal.
Una noche pasé un miedo especial, los que estuvieran en twitter aquel día me verían poniendo absurdeces pero es que era incapaz de irme a dormir. Me había quedado con el portátil en el comedor viendo house o no recuerdo que, estaba en el sofá y escuché un ruido enorme en la cocina (que la distribución de esta casa es un asco y todo se comunica a través del comedor, o sea que más que un comedor es una zona de paso). Como el comedor y la cocina dan al patio pensé que los gatos habían estado haciendo de las suyas, así que me levanté a ver que habían tirado, encendí la luz del patio y los vi a los tres dentro de sus cajas, con cara de sueño y mirando a la cocina. Así que ya que estaba en la cocina me puse a investigar si se había caído algo, pero no se había caído nada y todo estaba en su sitio.
Me volví al sofá no muy convencida, pero no me atrevía a apagar la luz, la tele, el portátil y a irme a la cama… al rato el ruido se repitió, y un rato después otras dos veces más. Cuando vi todos los rollos de “llama corriendo y dinos las siete diferencias” decidí armarme de valor e irme a la cama para taparme hasta las orejas y no pensar en aquello. Porque no es lo mismo que suenen los ruidos cuando estamos comiendo o cenando, que hay más gente, que cuando estás solo en el sofá a las tantas de la mañana porque todo el mundo se ha ido a dormir.
También está el ruido de la puerta, la puerta es antigua y tiene uno de esos llamadores metálicos que hace un ruido espantoso y de vez en cuando llaman en mitad de la noche. Aunque a ese si se le puede dar explicación porque por la calle puede pasar una panda de niñatos aburridos, llamar y salir corriendo. Lo normal es que cuando sales los veas correr porque la calle no es precisamente corta y de momento no les hemos pillado, pero creo que es solo porque mi padre no es lo suficientemente rápido (yo no salgo ni de coña…).
Uno de los más curiosos es el cuarto gato y es curioso porque no es algo que haya visto yo sola o que hayamos visto por separado individualmente. Yo le llamo el cuarto gato porque es “algo” de color blanco, del tamaño de un gato, que pasa rápidamente por cualquier parte y a lo que siempre alguien le grita “¡Kimi!” pensando que mi gato, Kimi, se ha colado por la ventana de la cocina sin que nos demos cuenta.
Un día lo vimos mi madre, mi padre y yo, aunque mi padre se limitó a poner risa nerviosa y a no reconocer que lo había visto. Estábamos comiendo y el gato pasó por detrás de la silla de mi padre desde la cocina, automáticamente mi madre y yo gritamos “¡Kimi!” y me levanté para cerrarle la puerta de mi habitación que no entrase a subirse a cualquier parte y a tirarlo todo como suele hacer. Pero cuando me levanté miré por la puerta del patio y lo vi subido a un cacharro de esos para gatos mirándonos con cara de sorpresa y pensando que como habíamos gritado su nombre le íbamos a dejar entrar a la hora de comer.
Y a ese cuarto gato lo hemos visto todos en diferentes partes de la casa, pasa corriendo como el Kimi cuando no quiere que le cojas para irse ya al patio a dormir así que se presta mucho a confusiones. Y como digo, le hemos visto a la vez, sea la hora que sea, a ese gato fantasma no le importa.
Ya lo último pasó hace apenas cuatro días y tampoco voy a decir que me diese miedo, solo me dejó bastante flipada y con un cierto mal rollo.
El Kimi, el de verdad, decidió salir a pasear a la calle y meterse debajo de un coche que había aparcado. Mi madre salió detrás de él y luego salí yo con una escoba para que se moviera y lo pudiéramos coger. Cuando el señor decidió ponerse en el morro del coche le cogí de una pata y lo saqué de allí, un poco guarrete… lo raro fue que no salió corriendo como solía hacer, solo le apetecía una excursión debajo del coche.
Entré con él, lo metí en el patio por la puerta de la cocina, me fui al cuarto de baño a lavarme la porquería del coche que había pasado a mis manos también y cuando salí, la cortina de la cocina justo al lado de la puerta del patio, estaba llena de manchas de sangre y me quedé flipada. Porque era algo que se veía demasiado como para que me pasara desapercibido cuando dejé al gato en el patio y fui al cuarto de baño (la puerta del cuarto de baño está justo al lado de la cocina, esta casa la hicieron con una inteligencia suprema). Pasé dos veces por allí y no vi nada y al salir del lavabo allí estaban esas manchas.
Habían estado partiendo un pollo para la cena en la otra punta de la mesa un rato antes, pero no había salpicaduras ni por la mesa ni por un carrito de fruta que hay justo debajo de la cortina, ni en la pared, ni en el suelo, solo en la cortina (que además estaba lavada del día de antes). Y tampoco eran salpicaduras realmente como hubieran podido ser si realmente al cortar el pollo aquel hubieran salido disparadas (y joer, que era un pollo… y había demasiadas manchas para un pollo que ya venía muerto del mercadona).
Algo realmente raro y que si da mal rollo lo de esa cortina. Mi hermano hace cachondeo con que un fantasma que murió apuñalado ha decidido atravesar la cortina y que no nos comamos más la cabeza. Y justo a la mañana siguiente de eso aparece mi pendrive en un sitio donde busqué mil veces y donde además se veía sin buscar demasiado.
¿Miedo? No sé… quitando esas noches de soledad en el sofá del comedor con los ruidos de la cocina tampoco es que esta casa me de un miedo especial. De hecho si me dejaran pondría una grabadora en alguna parte a ver si grabamos algún “la casa es nuestra” como sospecho que grabaríamos, pero no me dejan hacerlo… y tampoco entiendo por qué, llevamos aquí viviendo más de un año, las tonterías no dejan de repetirse y ¿qué más da que se grabase algo?
Así que estoy empezando a creer en historias de fantasmas, pero aparte de ese cuarto gato no me gustaría ver a ninguno de los antiguos inquilinos de esta casa que ha ido pasando de padres a hijos hasta que llegamos nosotros, que somos forasteros.
Aunque si me pregunto quien viviría aquí y que tipo de vida llevaban para que haya esta especie de mal rollo en el ambiente. Porque además de las historias de fantasmas también es una casa que nos ha dado muchísimos problemas desde que la compramos hace ¿cuatro años? problemas que todavía no se han solucionado, como esa obra del escorial que no estamos seguros de que esté terminada algún día.
A veces me dan ganas de llamar a cuarto milenio.